507. Cuando decides ponerte en primer lugar

By

En este viaje que emprendí hace unos meses —lleno de tropiezos, aprendizajes, heridas y también destellos de paz— llegó un momento clave: decidir que mi bienestar no es negociable.

No fue una decisión fácil. No se da de golpe. A veces se asoma en una mirada al espejo, en una conversación incómoda o en una noche en la que el insomnio te recuerda que llevas demasiado tiempo postergándote.

Durante años viví tratando de cuidar a los demás, de no incomodar, de sostener vínculos incluso cuando me rompían por dentro. Creía que si daba más, si me esforzaba más, si callaba un poco más… las cosas se arreglarían.

Pero lo único que conseguí fue dejarme en último lugar.

Hoy, estoy aprendiendo a cambiar eso.

Estoy aprendiendo a cuidar de mí como cuido a los demás.

A entender que no debo cargar con culpas que no me pertenecen ni sostener emociones que no son mías.

A entender que hay personas que se incomodarán cuando ya no accedes a ser el mismo de antes. Que habrá quien se aleje al verte cambiar, y quien pretenda manipular tu percepción para no responsabilizarse de sus propias decisiones.

Y ahí es donde entra el verdadero desafío: mantenerte firme en tu paz sin caer en la culpa.

Porque no soy el mismo. Porque ahora sé lo que quiero. Y, sobre todo, sé lo que no estoy dispuesto a volver a vivir.

Ya no busco complacer. No me esfuerzo por encajar donde no soy bien recibido. No me arrodillo ante quien no es capaz de ofrecerme lo mismo que yo estoy dispuesto a entregar.

Quiero vínculos limpios.

Conversaciones honestas.

Presencias reales, sin máscaras, sin juegos, sin trampas emocionales.

No tengo espacio para las medias verdades ni para el afecto a ratos.

He pasado demasiado tiempo luchando con mi mente como para permitir que alguien venga a desordenar el poco equilibrio que tanto me ha costado construir.

Sé que aún estoy aprendiendo.

Sé que habrá días en los que la duda vuelva, en los que el insomnio golpee más fuerte, en los que mi cabeza quiera volver atrás.

Pero incluso en esos días, tengo claro algo: no quiero seguir dándome por perdido.

Mi historia no está escrita desde la perfección, pero sí desde la valentía de mirar hacia dentro y empezar a cuidarme de verdad.

Sin excusas. Sin culpa. Sin miedo.

Porque cuando decides ponerte en primer lugar, descubres que no era egoísmo, sino amor.

Que no era rebeldía, sino necesidad.

Y que lo que parecía un punto final… era solo el principio de ti mismo.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario