Y por fin llega ese momento en el que una simple conversación con ella es capaz de hacer desaparecer todos los demonios que llevaban desde anoche haciendo ruido dentro de mí.
No fue un discurso elaborado, no fue una solución mágica. Fue su voz. Esa voz suya, suave pero firme, que consigue acariciar la tormenta y calmarla. Que me transmite paz, pero también una confianza silenciosa que me empuja a creer que, sí, sabré hacer las cosas bien. Que puedo.
De momento, lo único que nos pedimos es sinceridad. Y eso, dicho así, puede parecer poco, pero en realidad lo es todo. Porque la sinceridad abre las puertas al alma, y yo con ella me siento libre para abrir las mías.
J, te quiero. Y cada día un poco más.
Sabes que tengo días en los que la cabeza no para de dar vueltas, recordando errores del pasado… Y también momentos bonitos, sí, no lo niego. Pero todo eso ya pertenece a un ayer al que no quiero volver, aunque duela. Hoy prefiero quedarme aquí, contigo, en este presente que construimos paso a paso, donde cada gesto tuyo hace que todo tenga más sentido.
Estoy feliz. Y no, no es una palabra lanzada al aire para llenar silencios. Es real.
Feliz por lo que estamos viviendo. Por la complicidad. Por lo simple que es contigo lo que antes parecía tan complicado. Por cómo me miras y me recuerdas que soy alguien que merece ser querido. Que vale la pena. Que no estoy roto, que sólo necesitaba tiempo, calma… y amor del bueno.
Me has devuelto la sonrisa, sí. Pero también me has devuelto algo aún más profundo: la esperanza. La confianza en el amor… y en mí.
Gracias por hacerme ver que no tengo que ser perfecto, que no tengo que esconder los días grises ni disimular las sombras. Que quien te quiere de verdad está para celebrar tus luces, pero también para ayudarte a cargar con los días oscuros.
Estoy aprendiendo a ser yo. A mostrarme. A hablar no solo de lo que me hace feliz, sino también de lo que me cuesta. Porque ya no siento que tenga que ocultar nada. Porque contigo, J, siento que incluso mis miedos tienen un lugar seguro donde quedarse mientras aprendo a soltarlos.
Y eso… eso no se olvida nunca por muchas nubes que aparezcan.
Gracias, por tanto.
Continuará…
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