Hoy no quiero escribirte solo con palabras dulces.
Hoy quiero desearte los buenos días con piel, con deseo, con latidos que hablan más fuerte que cualquier verso.
Porque contigo no solo quiero amanecer.
Contigo quiero desvelarme. Quiero rozarte con los ojos cerrados, susurrarte promesas entre caricias, recorrer tu alma con la punta de mis dedos y perderme entre el calor de tus silencios.
Yo te ofrezco querer como sé hacerlo: con letras que tiemblan cuando piensan en ti, con manos que ya tienen memoria de tu cuerpo aunque aún no hayan aprendido del todo su mapa.
Te ofrezco mi boca, que no solo quiere besarte… quiere leerte, línea a línea, curva a curva, y escribir contigo un idioma donde cada jadeo sea una frase nueva.
Te ofrezco el abrazo que quema lento, el aliento entrecortado, el suspiro que no sabe callar cuando te nombra.
La piel que se eriza con solo imaginarte.
El deseo que no grita, pero arde. Que no necesita groserías para ser intenso, porque tú y yo sabemos que el fuego no siempre hace ruido, pero siempre deja marcas.
Te ofrezco el vaivén de dos cuerpos que se entienden sin hablar, la danza de la pasión con ritmo de amor verdadero.
Una noche sin relojes, sin juicios, sin límites.
Un amanecer que huela a nosotros, a deseo compartido, a calma después del huracán.
Quiero que el mundo se calle mientras tú y yo nos decimos todo sin decir nada.
Que cada centímetro de tu piel escuche lo que mis labios aún no se atreven a decir en voz alta.
Y que el corazón, ese que a veces duda, se rinda ante el lenguaje claro del deseo, ese que tú provocas sin esfuerzo.
Yo te ofrezco esto.
Mi hambre de ti.
Mi ternura y mi fuego.
Mi amor con la forma exacta de tus besos.
¿Aceptas?
Continuará…
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