517. Ya no va a llover

By

“¿Te suena?”.

Lo leí esta mañana. Una imagen cualquiera, unas frases que cualquiera podría haber compartido, pero que a mí… me perforaron. Porque sí. Porque me suena. Me suena demasiado.

“Él se encerró en su habitación.

Tomó su celular y puso su canción favorita.

Mientras la cantaba, sus lágrimas caían por sus mejillas.

Tomó su almohada, apoyó su cara, y en silencio gritaba:

‘Deja de llorar, lo superaremos, como siempre hemos hecho’.

¿Te suena?”.

Esa escena no es solo un texto viral. Esa escena fui yo durante meses. Desde julio hasta marzo.

Ese chico encerrado, que llegaba a casa después de trabajar mano a mano con ella.

Con S.

Risas, complicidades, gestos que se parecían tanto a lo que éramos… pero que ya no lo eran. Porque cuando salíamos de trabajar, ella se desvanecía, como si lo vivido no tuviera peso.

Como si yo fuera un recuerdo viejo que se saca del cajón solo durante las horas laborales.

Y yo… yo aún era todo.

Ella seguía siéndolo todo para mí.

Y eso me rompía.

Volvía a casa y me metía en la cama con canciones que solo hablaban de ella.

De lo que fuimos.

De lo que quise seguir siendo.

Canciones que me acariciaban y me destrozaban a partes iguales.

Lloraba en silencio.

Apretaba la almohada con fuerza.

Y repetía en mi cabeza, como un mantra: “Lo superaremos, como siempre hemos hecho.”

Pero no era verdad.

Porque esta vez no era “nosotros”.

Era solo yo.

Aferrado a una ilusión disfrazada de rutina.

A un juego en el que yo no conocía las reglas.

Durante todo ese tiempo, aún resonaba en mi cabeza aquella frase. Aquella que yo le decía de vez en cuando para no decirla “te quiero” delante de los demás.

“Parece que va a llover”, frase sacada de una serie pero que reflejaba lo que sentía por ella.

Y llovía.

Llovía cada noche sobre mi almohada.

Llovía cada vez que me quedaba solo con mi cabeza, con mi corazón, con la ausencia que gritaba más que cualquier presencia.

Pero ya no.

No más.

Porque aunque a veces los demonios vienen a visitarme —como lo hicieron ayer—, solo vienen de paso. Solo vienen a recordarme lo lejos que he llegado.

Lo que ya no voy a permitir.

Ya no los invito a quedarse.

Hoy miro atrás y no puedo evitar sentir un poco de pena por aquel yo que se rompía por dentro sin entender por qué.

Pero también siento orgullo.

Porque ese mismo yo fue capaz de mantenerse de pie.

De seguir.

De reconstruirse.

De abrir la puerta a algo nuevo, más sano, más real.

Hoy ya no digo “parece que va a llover”.

Porque la tormenta ya pasó.

Hubo muchos truenos, se cernieron nubes negras sobre mí… pero ha dejado de llover.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario