522. El mayor pilar

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He aprendido, a veces a la fuerza, que las relaciones —de pareja, de amistad, familiares— pueden ser uno de los motores más importantes de nuestra vida… o una de las cargas más pesadas. Depende de cómo se construyan. Depende de si están hechas con cimientos reales o solo con expectativas que nunca se hablaron.

Con el tiempo, y sobre todo con lo vivido estos últimos meses, he llegado a una conclusión que me acompaña cada día: una buena relación no es la que evita los errores, sino la que sabe abrazar con fuerza cada uno de sus pilares.

El primero, para mí, es la aceptación. Aceptar al otro tal y como es. No como queremos que sea. Aceptar su historia, su mochila emocional, sus heridas, sus aciertos y sus caídas. Todos tenemos un pasado. Y amar a alguien no es ignorarlo ni querer reescribirlo. Es entenderlo. Es mirar a esa persona y decirle: “Te conozco, y te quiero igual. Justo así. Incluso con eso que a veces te pesa más de la cuenta.”

El segundo es el apoyo en el presente. No hay nada que fortalezca más que saber que puedes contar con alguien. Que no necesitas ponerte una máscara ni fingir estar bien para merecer compañía. Que te escuchan sin juzgarte, que celebran contigo lo bueno y se sientan a tu lado cuando todo se tambalea. Esa sensación de respaldo, de “estoy aquí aunque no digas nada”, es más poderosa de lo que parece.

Y el tercero, que no siempre se menciona, es impulsarse juntos hacia el futuro. Porque una relación sana no corta alas, no frena sueños, no genera dudas. Al contrario: te empuja hacia donde quieres ir, te recuerda de lo que eres capaz, te sueña en voz alta. Hay algo muy bonito en compartir un camino con alguien que no solo camina a tu lado, sino que te anima a seguir, incluso cuando te cuesta levantar el pie.

Hoy puedo decir que estoy aprendiendo a vivir una relación así. Donde no tengo que ocultarme, ni fingir, ni adivinar lo que se espera de mí. Una relación donde la aceptación, el apoyo y el impulso son mutuos. Y eso, después de tanto, se siente como un hogar al que uno por fin puede llamar suyo.

Continuará…

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