Hay una pregunta que me ha rondado la cabeza en más de una ocasión, y que quizá tú también te hayas hecho alguna vez, sobre todo cuando te ha tocado amar sin ser correspondido:
¿Por qué debería estar triste si perdí a una persona que no me amaba?
Y a la vez, ¿por qué no debería estarlo, si yo sí la amé con todo lo que tenía dentro?
Porque sí, el amor que yo sentía era real. Y lo cierto es que cuando uno entrega de verdad, perder a esa persona duele, incluso aunque no te amara como merecías. Duele porque uno no pierde solo a alguien, pierde un proyecto, una ilusión, un trocito de ese futuro que construyó en su cabeza, aunque el otro nunca haya tenido la intención de vivirlo contigo.
Duele porque aunque te diste entero, no fuiste suficiente para que se quedara. Y aunque sabes que no todo es tu culpa, el dolor no se va por saberlo.
Es normal sentir tristeza, y sería injusto negarla. Es válido llorar por lo que soñaste, por lo que diste, por el vacío que te dejaron. Porque a veces uno se enamora de una historia que solo vivía en su mente, y soltarla también es un duelo.
Pero también está la otra cara.
No debería estar triste, no del todo. Porque no se pierde a quien nunca estuvo de verdad. Porque no es una derrota dejar de insistir en quien no te veía con los ojos que tú lo mirabas todo.
No debería doler tanto si pienso que ahora estoy libre de migajas, de silencios que pesaban, de ausencias que nunca se iban del todo.
No debería doler si entiendo que quien realmente perdió fue quien no supo o no quiso quedarse. Porque yo sí amé, con el alma, con las manos, con los gestos. Y esa forma de amar, aunque me haya costado, es lo más valioso que tengo.
Hoy lo miro desde la calma. A veces duele, sí. Pero otras, me reconozco en este proceso y sonrío. Porque estoy aprendiendo a amar sin olvidarme de mí, a poner límites sin dejar de sentir, a valorar el amor que ahora me dan sin condiciones, sin juegos, sin máscaras.
Y si tú estás leyendo esto y te lo preguntas también, déjame decirte algo:
Perder a alguien que no te amaba no es una derrota. Es una liberación.
Y si tú sí amaste, la que más perdió… fue esa persona.
Y enhorabuena, o no, a quienes nunca han tenido que hacerse esta pregunta.
Continuará…
Deja un comentario