537. Una noche que se cerró en calma, un día que se abre con sol

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Anoche por fin dormí bien. No sabes cuánto lo necesitaba. Después de una semana que parecía no tener fin, con tanto peso acumulado en el cuerpo y en el alma, encontrar paz no era tarea fácil… hasta que llegó ella.

No fue solo su compañía. Fue su respiración calmada junto a la mía, su piel rozando la mía, su forma de abrazarme sin pedir permiso, como si supiera justo dónde colocar sus manos para silenciar el ruido que me habita. Fue una noche intensa, sí, porque a veces el amor se expresa con todo el cuerpo… pero terminó en calma, envueltos en esa ternura que solo se encuentra cuando te sientes exactamente donde debes estar.

Dormí profundamente, sin interrupciones, algo que en mi vida reciente es tan raro que casi me asusta. Pero hoy no hay miedo. Hoy sólo hay sol y una taza de café compartida entre risas tranquilas y planes sencillos. Estamos desayunando y ya hemos decidido que nos vamos a dar un paseo. El sol aún no calienta del todo, pero es suficiente. J es más friolera que yo, así que seguramente me acabará buscando con la excusa del frío, y yo, encantado, le daré abrigo con mis brazos.

Es bonito sentir que no hay prisas, que el mundo gira pero nosotros caminamos a otro ritmo, al nuestro.

Anoche cerró con piel y susurros, esta mañana abre con pan tostado, miradas cómplices y un paseo pendiente bajo un cielo que, por fin, no amenaza tormenta.

Continuará…

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