Hay días en los que nos sentimos perdidos, atrapados en la rutina, confundidos por lo que fuimos o por lo que creímos que deberíamos ser. Días en los que pesa más la inercia que la ilusión, en los que olvidamos lo lejos que hemos llegado y lo mucho que aún podemos cambiar.
Por eso, este texto no es solo una reflexión, es una promesa.
Una brújula para esos momentos en los que la vida se tambalee.
Un recordatorio de que, aunque lo olvides, aunque tropieces, aunque te duela, aún puedes volver a empezar.
Regrésate aquí cada vez que sientas que te estancas, que dudas, que te desvías de lo que te hace bien.
Este eres tú. El de ahora. El que sigue creciendo.
“Recuérdalo: siempre puedes empezar de nuevo”
No estás atado a un solo camino.
No tienes que decidir a los 20 quién serás para siempre.
Puedes cambiar de rumbo a los 30, enamorarte a los 40, emprender a los 50, dejarlo todo y volver a empezar a cualquier edad.
No estás aquí para vivir encadenado a lo que ya no te representa.
Estás aquí para crecer, para sentir, para transformarte una y mil veces si es necesario.
Estás aquí para moverte con libertad, para abrazar tus etapas, tus intensidades, tus versiones cambiantes.
No te quedes donde no haya paz.
No te obligues a encajar en un molde que ya no te pertenece.
Eres demasiado grande para reducirte a lo que apaga tu luz, para conformarte con lo que frena tu alma.
Tienes derecho a cambiar.
A reinventarte.
A decidir, hoy, que quieres algo distinto.
Porque vivir no es mantener una versión constante de ti mismo.
Vivir es escribir nuevos capítulos, aunque a veces duelan, aunque no todos los entiendan.
Y si alguna vez lo olvidas, recuérdalo con firmeza:
Elige lo que te haga feliz.
Elige lo que te nutra.
Elige lo que merezca el latido de tu alma.
Siempre estás a tiempo.
Continuará…
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