Desde que llegaste a mi vida, muchas cosas comenzaron a tener un nuevo sentido. No sé exactamente cómo explicarlo, pero tu presencia ha sido como un cambio de estación: de repente todo es más claro, más cálido, más vivo.
No quiero ponerle palabras demasiado grandes a algo que aún estamos descubriendo, pero sí me nace decirte que, desde que estás, los días pesan menos y las noches tienen algo más de paz. Tu forma de estar, de mirar, de acompañar… me calma. Me hace bien.
No te imaginas cuánto agradezco esos momentos a tu lado, aunque sean simples, aunque parezcan cotidianos. Hay una belleza especial en la forma en que compartimos incluso el silencio. No es exageración si te digo que en tus abrazos encuentro un refugio y en tu sonrisa, un pedacito de hogar.
A veces uno pasa tanto tiempo esperando sentir algo así, que cuando llega cuesta creerlo. Pero aquí estás. Y ojalá lo sepas: valoro cada instante, cada gesto, cada palabra que nace de ti. Y me esfuerzo por estar a la altura, por cuidarte como mereces y por hacer de lo nuestro un lugar seguro y bonito para ambos.
No sé qué vendrá mañana, pero sí sé que mientras nos sigamos eligiendo desde la calma y la verdad, todo irá bien.
Esta noche, mientras descansas en tu otro hogar, piensa que hay alguien aquí que te piensa con ternura, que te desea lo mejor, y que espera verte pronto con la misma ilusión del primer día.
Descansa. Que mañana volvamos a sumar sonrisas y a escribir juntos más de esta historia que tanto bien nos está haciendo.
Continuará…
Deja un comentario