542. Siempre fuiste parte de mi vida

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Hay personas que no llegan, porque en realidad… nunca se fueron.

Personas que estuvieron desde el principio, desde la inocencia de la niñez, compartiendo juegos, secretos, risas que hoy parecen ecos lejanos, pero que siguen vivos en la memoria. Y tú… tú fuiste eso. Parte de mi historia cuando ni siquiera sabíamos que la estábamos escribiendo.

Te fuiste, sí. La vida hizo su trabajo de separarnos, de llevarnos por caminos distintos. Pero lo increíble es que, después de tantos años, volviste.

Y no llegaste como una extraña. Volviste como si el tiempo no hubiera pasado, como si nuestra historia solo hubiera hecho una pausa.

Encajaste sin esfuerzo, sin necesidad de explicaciones, como quien simplemente regresa al lugar al que siempre perteneció.

No llegaste con discursos ni promesas, llegaste con esa presencia tuya que habla más fuerte que cualquier palabra. Con tu forma tranquila de estar, de comprender sin juzgar, de dar sin pedir. Y eso… eso es algo que no se encuentra fácilmente.

Gracias se queda corto.

Porque no solo llenaste espacios, los transformaste.

Porque no solo me acompañaste, me enseñaste a caminar diferente.

Contigo entendí que hay personas que no llenan vacíos, sino que los desbordan de vida.

Que hay conexiones que no desaparecen, solo esperan el momento exacto para reactivarse.

Que no todo se trata de empezar de cero, a veces se trata de continuar algo que nunca terminó.

No sé qué nos traiga el tiempo, pero sí sé que lo vivido contigo no se borra.

Tú eres de esas historias que se sienten verdaderas desde el primer capítulo, y que uno quiere leer despacio, sin saltarse ni una línea.

Por eso, más que gracias, quiero decirte esto:

Me alegra que volvieras.

Me alegra que nos reencontráramos.

Y me emociona saber que, después de tanto, aún podemos escribir juntos.

Julia, te quiero.

Continuará…

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