543. Todo lo que se va, también deja huella

By

Hay cosas que el viento se lleva sin hacer ruido.

No hacen temblar el suelo, no rompen puertas al irse. Simplemente… un día ya no están. Y uno no siempre se da cuenta en el momento exacto en que se pierden. Porque el tiempo no avisa cuando empieza a borrar lo que creímos eterno.

¿Te ha pasado?

¿Esa sensación de haber dado todo y, aun así, no haber sido suficiente?

De amar desde el alma, con la inocencia de quien cree que eso bastará, sin imaginar que el otro quizá solo estaba de paso. Que mientras tú levantabas un refugio, esa persona ya buscaba la salida.

Y no se trata de reproches, ni de mirar atrás con rabia. Se trata de aceptar que algunas historias no terminan, solo se interrumpen. O quizá, simplemente estaban destinadas a durar lo que duraron. Ni un segundo más.

Algunas personas no se quedan.

No porque no las hayas amado bien, sino porque no supieron ver el valor de lo que ofrecías.

Y otras sí lo verán. Quizá más adelante. Quizá tú también, en otro rostro, en otro abrazo, en otro comienzo.

Lo cierto es que hasta lo que se va, deja algo.

Una enseñanza. Una herida que luego se convierte en cicatriz. Un recuerdo que vuelve cuando menos lo esperas.

Y sobre todo, te deja claro que sentir —de verdad, sin medidas ni filtros— siempre vale la pena, aunque el final no sea el que imaginabas.

Porque lo que fuiste capaz de dar… eso sí te pertenece.

Y nadie, ni el viento, ni el olvido, podrá quitártelo.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario