544. Fuego que ya no quema

By

Dicen que hay amores que arden. Que no hacen falta promesas cuando hay piel que tiembla y miradas que se entienden sin filtro. Que no se necesita futuro cuando el presente ya era un incendio. Nosotros —lo que fuimos— éramos eso. Fuego. Puro. Desordenado. Irresistible.

Nos bastaba con cruzarnos para prender la chispa. No hacía falta más que un roce accidental, un “casual” cruce de palabras, o ese tono tuyo que siempre sabía cuándo tocar el nervio exacto. Jugábamos a no sentir, pero éramos expertos en incendiarlo todo. Y lo hicimos. Nos quemamos.

Hubo noches que aún me recorren la espalda si las pienso. Noches en las que no hacía falta hablar para saber que la guerra que librábamos entre las sábanas no era otra cosa que la versión más sincera de lo que nunca nos dijimos. Porque sí, ardimos… pero también nos callamos demasiado.

Y ahora, cuando tus palabras vuelven como si buscaras una revancha tardía, solo puedo decirte esto: el fuego ya pasó. Hubo llamas, cenizas, humo… y lo asumí todo. Lo sentí todo. Lo sufrí también. Pero sobreviví. No porque tú no valieras la pena, sino porque aprendí que no se puede vivir en llamas eternamente.

Hoy hay otra piel, otra calma, otra historia. Y lo mejor: no tengo que arder para sentir que estoy vivo.

Así que sigue lanzando indirectas disfrazadas de comentarios inocentes. Sigue tentando una chispa que ya no encuentra pólvora en mí. Porque aunque me sepas de memoria, aunque conozcas cada rincón que un día fue tuyo, este cuerpo ya no se quema por ti.

Y si alguna vez dudas de que esto también fue amor, recuerda: no todo lo que se quema desaparece. A veces, simplemente, se vuelve ceniza… y se suelta con el viento.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario