No me rompí de golpe, fue poco a poco.
A veces en silencio, a veces con los ojos llenos de rabia, otras tantas con el pecho apretado, intentando entender cómo algo tan bonito podía doler tanto.
No escondí el dolor, pero tampoco lo usé como bandera.
Se me notó, claro que sí…
¿Y cómo no? Si cuando uno ama de verdad, la pérdida hace ruido, incluso cuando todo fuera es silencio.
Pero no me quedé ahí.
Fui recogiendo pedazos, reconstruyéndome despacio, entendiendo que el amor propio no se pide, se aprende.
Y que quien se va sin mirar atrás, no puede volver pidiendo explicaciones.
Hoy ya no espero nada.
No busco respuestas.
No me hace falta cerrar puertas que ya se derrumbaron solas.
Solo sigo adelante, más consciente, más fuerte, más mío.
Y si alguna vez te preguntas cómo estoy…
Estoy en paz, y eso ya lo dice todo.
Continuará…
Deja un comentario