553. Ser buena persona (a pesar de todo)

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Ser buena persona no siempre es fácil. A veces implica tragarse palabras que dolerían demasiado si se dijeran, mantener la calma cuando lo justo sería explotar, ofrecer la otra mejilla cuando ya te han golpeado muchas veces. Ser buena persona no va de quedar bien, ni de complacer a todo el mundo. No es resignarse ni dejarse pisar. Ser buena persona, en realidad, es un acto de valentía.

Es mirar al mundo con ternura incluso cuando te ha mostrado su peor cara. Es no permitir que las heridas te conviertan en alguien que no eres. Es seguir confiando, seguir dando, seguir creyendo… aunque a veces parezca que nadie lo valora. Es elegir no devolver el daño, aunque podrías. Es decidir que tu esencia vale más que tu orgullo.

Ser buena persona no es aguantarlo todo. Es saber cuándo decir basta con respeto. Es apartarte cuando el entorno te desgasta. Es retirarte sin odio, pero con dignidad. Es entender que cuidarte también es parte del amor que das. Que no puedes entregarlo todo sin quedarte tú sin nada.

Ser buena persona no es ser ingenuo, ni débil. Es todo lo contrario: es tener la fuerza suficiente para no dejar de serlo, aunque tengas motivos de sobra para cambiar. Es resistir con el corazón abierto en un mundo que a veces te pide cerrarlo. Es tener cicatrices en el alma, y aún así seguir acariciando con suavidad.

Y sí, también es sentirse solo. Muchas veces. Porque no todo el mundo está preparado para amar a quienes eligen ser luz en medio de tanto ruido. Porque hay quien no sabe cómo responder a una bondad que no pide nada a cambio. Pero aun así, sigues. A veces con miedo, a veces con dudas… pero sigues.

Porque sabes que ser buena persona no te garantiza que todo te salga bien, pero te asegura una cosa: cuando mires atrás, podrás reconocerte. Podrás decir “fui yo, con mis errores, con mis aciertos, pero siempre fiel a lo que soy”.

Y eso, créeme, vale más que cualquier victoria.

Continuará…

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