555. Cuando duele soltar a quien ya no está

By

Hay vínculos que, aunque ya no existen en la realidad, siguen vivos en algún rincón de nuestro interior. No por falta de voluntad, no por no saber soltar… sino porque hubo un tiempo en el que nos sostenían, y dejar atrás algo que un día fue refugio, aunque ahora duela, no es fácil.

A veces me descubro esperando un gesto, una mirada, una palabra amable… sabiendo que no llegará. Me digo a mí mismo que ya no importa, que ya no la necesito. Pero en los momentos difíciles, cuando los miedos me aprietan, cuando estoy a punto de enfrentarme a algo tan delicado como una operación bajo anestesia general… me doy cuenta de que aún hay una parte de mí que la busca. Que la quiere cerca. Que la necesita.

Y ahí, en medio de esa contradicción, intento recordarme lo más importante: ahí ya no es.

Sí, puede que en esta ocasión me tienda la mano, que me apoye. Pero también puede que no. Y lo cierto es que ya no depende de mí. No puedo seguir cargando con el peso de cómo reaccione alguien que hace mucho tiempo dejó de cuidar lo que sentía por mí. No puedo seguir esperando empatía donde, a menudo, ya solo hay indiferencia.

He aprendido que no puedo sanarme mientras me aferro a quien no mueve un dedo por mi bienestar emocional. No puedo seguir doliéndome por alguien que hace tiempo eligió mirar hacia otro lado.

Y, sin embargo, sigo siendo yo. Sigo ofreciendo gestos, sigo siendo amable, sigo cuidando. No porque lo merezca o me lo devuelvan, sino porque es quien soy. Mi forma de ser no se va a ver alterada por las decepciones. Mi corazón no va a cerrarse por miedo a sentir.

Estoy en proceso. Aprendiendo a soltar sin rencor. Aprendiendo que cuidar no siempre implica quedarse. Que amar no siempre implica insistir. Y que protegerme a mí también es una forma de amor.

J ha llegado a mi vida con una luz distinta. Me hace sentir en paz, en calma, seguro. Con ella no tengo que fingir, no tengo que adivinar si soy bienvenido. Sé que estoy donde debo estar, y aunque el dolor del pasado aún me persigue… tengo claro que ella es mi presente, y nosotros somos nuestro futuro.

Por ahora, no tengo todas las respuestas. Pero tengo algo aún más importante: voluntad. Voluntad para avanzar, para desapegarme sin perderme, para recordar que mi valor no depende de cómo me traten los demás, sino de cuánto me respeto yo.

Y en ese camino, aunque duela, seguiré eligiéndome.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario