557. Cuando hasta escribir se vuelve silencio

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Hoy no tengo varias entradas.

Ni una reflexión que se deslice sola desde lo más profundo.

Hoy no tengo frases perfectas, ni metáforas que me abracen mientras las escribo.

Hoy solo tengo este silencio…

El que llega cuando incluso las palabras necesitan respirar.

No es que se me haya ido el amor por escribir.

Al contrario.

Sigue siendo mi refugio, mi salvavidas, mi forma de soltar lo que me pesa sin que nadie tenga que cargarlo.

Pero hay días —como este— en los que escribir también duele.

No porque me falten ideas, sino porque me sobran emociones.

Y cuando todo dentro se agita, hasta ordenar una frase se vuelve montaña.

No estoy mal, solo estoy… saturado.

De pensar.

De sentir.

De intentar entender todo lo que me pasa por dentro y ponerle nombre sin que me tiemble el alma.

Hoy no hay intensidad, ni cicatriz abierta.

Solo un respiro. Una pausa.

La necesidad de no exigirme nada más que esto: estar aquí, seguir siendo yo, aunque sea más callado que de costumbre.

Es curioso, incluso este pequeño texto me reconcilia con lo que soy.

Porque no todos los días tienen que ser luz.

A veces, también somos sombra… y eso no nos hace menos.

Continuará…

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