Desde que nuestras vidas volvieron a cruzarse, supe que había algo distinto. No fue un flechazo ni un terremoto emocional. Fue una certeza serena, como si una parte de mí supiera, en silencio, que tu presencia no era casualidad. Desde entonces, te convertiste en algo que no sé bien cómo explicar, pero que siento con cada respiración: eres mi calma y mi locura. Mi equilibrio perfecto.
Llegaste cuando mi mundo aún tenía grietas abiertas. Cuando los días eran más pesados que largos, cuando las heridas aún no sabían si estaban cerrando o solo escondiéndose. Y no te asustaste. No pediste que fingiera estar bien. Solo estuviste. Con esa forma tuya de hacer fácil lo difícil, de decir sin hablar, de mirar y entender.
En tus brazos encontré un refugio que no sabía que necesitaba. Me ayudas a ver las cosas de forma distinta, más sencilla, más limpia. Cuando el mundo me pesa, eres esa paz que me permite soltar, que me enseña a respirar hondo y confiar. En ti descansa mi ansiedad, mi sobrepensamiento, mi miedo. Eres esa calma silenciosa que no exige, pero lo transforma todo.
Y, sin embargo, también eres mi locura. La buena. La que enciende. La que me despierta. Me haces reír cuando ni yo entiendo mi humor. Me haces querer probar cosas nuevas, volver a soñar con lo que no creía posible. Con cada gesto, con cada ocurrencia, con tu forma de mirar la vida, me devuelves la ilusión.
Eres esa chispa que prende fuego a lo monótono, la aventura en los días grises, la risa que irrumpe en medio del silencio. Me haces sentir afortunado por tenerte cerca, por poder compartir incluso lo que antes guardaba solo para mí. Contigo, todo es más profundo… pero también más ligero.
Hay algo mágico en tu forma de ser que equilibra todo: cuando estoy a punto de perderme, tú apareces. Y cuando necesito despegar, tú me empujas. Sabes cuándo necesito paz y cuándo necesito saltar. Eres amiga, confidente, amor, impulso y hogar. Todo al mismo tiempo.
Y aunque quizás no te lo diga tanto como debería, sé que tú lo ves. Porque no necesito disimular contigo. Porque en tu presencia no me escondo. Porque contigo soy yo.
J, por si en algún momento me faltasen las palabras, por si no lo sabes, por si nunca te lo dije como debía… te quiero.
Continuará…
Deja un comentario