561. El gesto que no llegó

By

A veces, no es lo que se dice. Es lo que no se dice.

A veces, no es lo que se hace. Es lo que se evita hacer.

Hoy necesitaba poco.

No grandes palabras. No promesas eternas. Solo un gesto. Una despedida sincera, un “cuídate”, un “todo saldrá bien”. Algo que me hiciera sentir que, después de todo lo vivido, todavía había algo de humanidad, algo de cariño, algo… de verdad.

Llevábamos toda la mañana trabajando juntos, como si nada, como si todo. Risas suaves, miradas conocidas, ese ambiente que siempre me confunde porque sigue pareciendo cómodo aunque ya no seamos nosotros. Pero justo cuando más lo necesitaba, cuando me iba, cuando sabía que me marchaba con los nervios a flor de piel hacia algo que me removía por dentro… “te fuiste tú también, sin más”.

Ni una palabra. Ni un gesto. Ni un… nada.

Y claro… sobrepensar juega su papel:

¿Fue indiferencia o evitación?

¿Te dio igual o no supiste cómo enfrentarlo?

¿Fue distancia emocional o miedo a sentir lo que no puedes permitirte sentir?

No tengo esas respuestas. No sé si algún día las tendré o quizás mañana cuando despierte ya no quiera conocer la respuesta.

Pero lo que sí sé es lo que sentí: me habría bastado tan poco, y sin embargo me quedé con nada.

No estoy pidiendo más de lo que yo habría dado. Porque si los papeles se invirtieran, te habría abrazado aunque no supiera qué decir, te habría deseado suerte aunque me temblaran las manos, te habría mirado con ternura aunque dentro de mí se rompiera algo. Porque lo más difícil no es marcharse, lo más difícil es marcharse sabiendo que la otra persona fingió que no pasaba nada.

Quizá mañana ya no duela tanto.

Quizá en unos días, al despertar, no piense en esto.

Pero hoy, justo hoy… sí, me duele.

Y si alguna vez lo lees o lo sientes o lo intuyes, quiero que lo sepas:

Quizá nunca sabré por qué no te despediste… pero sí sé cuánto lo habría necesitado.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario