562. Sentir demasiado / Sentir en silencio

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Cuando el amor se vive desde el sobrepensamiento o desde la alexitimia.

Amar nunca es sencillo. Requiere entrega, comunicación, presencia emocional. Pero cuando una de las partes —o ambas— conviven con realidades internas que alteran su forma de sentir o expresar, como el sobrepensamiento o la alexitimia, las relaciones pueden convertirse en campos minados de malentendidos, inseguridades y silencios que pesan más que las palabras.

Sobrepensar en una relación amorosa

Una persona que sobrepiensa no ama poco. De hecho, ama mucho. Pero ama desde el vértigo de la duda, desde la necesidad constante de interpretar y reinterpretar lo que ocurre, lo que se dice… o lo que no se dice. Cada gesto, cada cambio de tono, cada silencio se analiza al milímetro. ¿Por qué ha tardado en responder? ¿Habrá cambiado algo? ¿Me está evitando? ¿He dicho algo que le molestó?

Quien sobrepiensa vive atrapado entre el deseo de disfrutar el presente y el miedo a un futuro que aún no ha llegado pero que ya está imaginando con todo lujo de detalles. Se adelanta a los problemas, los recrea, los agranda. No por desconfianza, sino por inseguridad emocional. Porque necesita confirmar que es amado, que todo está bien… aunque a veces todo lo esté.

Esto puede derivar en una necesidad constante de validación o en una hipersensibilidad emocional que confunde al otro miembro de la pareja, quien puede sentirse evaluado continuamente, como si tuviera que pasar exámenes emocionales cada día.

Alexitimia en una relación amorosa

Por otro lado, la alexitimia es como vivir con una radio que está constantemente encendida, pero sin poder entender bien el idioma en el que se transmite. Hay emociones, claro que sí, pero cuesta identificarlas, nombrarlas, expresarlas. La persona con alexitimia siente, a veces incluso con una intensidad que desborda, pero no logra traducirlo en palabras, en gestos, en actos coherentes.

Puede parecer fría, distante o desconectada, cuando en realidad está intentando entender lo que le pasa por dentro sin encontrar las palabras o los medios para explicarlo. Puede amar profundamente, pero no saber cómo demostrarlo. O demostrarlo de forma errática, confusa, silenciosa.

Esto puede generar frustración en la pareja, que siente que no hay reciprocidad, que sus necesidades emocionales no son comprendidas. Y en quien la padece, genera culpa: “¿Por qué no puedo expresar lo que siento si lo siento tanto?”

Y cuando ambas realidades se mezclan…

El sobrepensador necesita certezas, palabras, gestos, constancia emocional. El alexitímico necesita tiempo, comprensión, espacio para traducirse a sí mismo. Uno analiza cada silencio. El otro, a veces, solo puede ofrecer eso: silencio. Uno necesita una respuesta inmediata. El otro no sabe aún qué siente como para poder darla. Ambos pueden amarse con locura, pero terminar exhaustos.

¿Y cuál es la salida?

No hay fórmulas mágicas. Pero sí hay caminos. La comunicación clara, la paciencia mutua, el acompañamiento terapéutico si es necesario, y sobre todo, la voluntad firme de entenderse más allá de las formas. Porque al final, lo que duele no es solo la falta de amor… sino la sensación de no saber cómo encontrar el lenguaje común para expresarlo.

Continuará…

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