Ha llegado el momento de mirar de frente aquello que, durante tanto tiempo, no me dejó avanzar.
He cargado con el peso de decisiones que tomé en momentos en los que hacía lo que creía correcto. No fueron las mejores, no fueron perfectas, pero en ese instante eran lo único que sabía hacer con lo que tenía: con mi historia, mis emociones, mis miedos y mis vacíos.
Durante meses me dejé atrapar por el remordimiento, por el “y si…”, por la fantasía de que todo habría sido distinto si hubiera actuado de otra manera. Pero ya no. Hoy entiendo algo esencial: no fui mi error, fui alguien que no sabía lo que ahora sé.
Y con eso, me libero. No me absuelvo para excusarme, me perdono para avanzar. Porque cada herida me enseñó algo, cada caída me obligó a ver desde otra perspectiva, cada pérdida me dio herramientas nuevas para seguir creciendo.
El pasado no se borra, pero se puede resignificar. No para reescribir la historia, sino para comprender al protagonista que fui. No para ocultar el dolor, sino para honrar lo que aprendí. Como dijo Kierkegaard, “la vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero debe ser vivida hacia adelante”. Y así lo haré.
Ya no vivo en el pasado. Lo visito, sí. Lo repienso. Lo reviso. Pero no me instalo. No lo uso como cadena, sino como impulso.
Porque me di cuenta de que la vida repite lecciones hasta que uno las aprende de verdad. Te pone en situaciones similares, con personas distintas, para ver si reaccionas igual. Hasta que un día lo entiendes. Y cambias. Y ya no eres quien fuiste.
Y eso es lo más poderoso de todo este proceso: no soy el mismo que cometió esos errores. Soy alguien que decidió no repetirlos.
Dejar ir no es olvidar. Es transformar. Soltar no es perder, es liberar espacio para lo que sí merezco. Me duele, sí. Como duele todo lo que alguna vez importó. Pero ese dolor también es parte de mi historia, y de ella solo conservo lo esencial: la lección.
Hoy, decido vivir con los ojos puestos en lo que viene. Y si el pasado me mira desde atrás, que lo haga, porque sabrá que no me detiene.
Porque no soy el error que cometí.
Soy lo que aprendí después de él.
Y eso es lo que me define ahora.
Continuará…
Deja un comentario