A veces me detengo a pensar…
No sé en qué momento comenzó todo.
No recuerdo el instante exacto en que pasamos de ser dos conocidos caminando sin prisa, a convertirnos en todo esto.
Lo que sí sé, es que ahora me descubro a menudo extrañando tu compañía, tu risa escandalosa haciendo eco en el aire, tu aroma que se queda en mí mucho después de haberte abrazado.
Hasta que me enamoré de ti… no entendía lo mucho que necesitaba un abrazo que me acomodara las vértebras del alma, que me enderezara la sonrisa, que me hiciera cerrar los ojos y olvidar que por dentro estaba roto.
Hasta que me enamoré de ti, comprendí el valor de lo simple, lo cotidiano, lo compartido.
Disfrutar una puesta de sol, un café en el balcón, una charla que no tiene que ir a ningún lado, pero lo dice todo.
Comprendí que hasta la piel puede convertirse en un lenguaje cuando se ama de verdad.
Créeme, lo disfruto al máximo.
Hacer todo contigo se ha convertido en una de las rutinas más hermosas que he podido tener… y me encanta.
Dormir contigo.
No solo compartir la cama, sino los sueños.
Armar un plan que casi nunca se cumple, pero que siempre termina en risas, en caricias, en besos que se nos escapan entre la piel.
Elegir una película que jamás terminamos de ver porque terminamos prestándonos más atención a nosotros que a la pantalla.
Y no me importa.
Porque hasta que me enamoré de ti, entendí que el tiempo a tu lado se vuelve un caos hermoso.
A veces va lento… otras, se nos escurre entre los dedos.
Pero cada segundo contigo vale más que mil días sin ti.
Hasta que me enamoré de ti, descubrí el arte de dormir sin dormir.
De hacer el amor y después, quedarnos hablándonos con las manos, con los ojos, con el alma.
De las conversaciones eternas bajo las sábanas, entre caricias, risas y silencios que lo dicen todo.
Y entendí que a veces aparece alguien que no buscabas…
Pero que te hace sentir que llevabas toda la vida esperándole.
Alguien que llega sin pedir permiso y te remueve los cimientos.
Que se convierte en calma cuando tus miedos arden, y en fuego cuando tu mundo necesita calor.
Y te hace volver a creer justo cuando ya no creías en nada.
Tú eres ese deseo que me cansé de pedirle al universo.
Ese sueño que nunca pensé que se haría realidad.
Y no quería dejar pasar esta oportunidad para decirte algo que siento con todo lo que soy:
Gracias por llegar.
Gracias por quedarte.
Gracias por hacer que me enamore, cada día, un poco más.
Continuará…
Deja un comentario