575. El pasado ya no me pesa (tanto)

By

Durante mucho tiempo, arrastré mis errores como cadenas.

No por lo que ocurrió, sino por lo que me reproché durante mucho tiempo.

Pensaba una y otra vez que si hubiera hecho esto, o dicho aquello, todo habría sido diferente. Que si no me hubiera callado, si hubiera sentido menos miedo, menos culpa… quizás no habría perdido lo que perdí.

Quizás habría salvado lo que se rompió.

Pero hoy empiezo a ver las cosas desde otro lugar.

He dejado de castigarme por no haber sido quien aún no sabía ser. Porque en aquel entonces, actué con lo que tenía: con mis heridas, mis dudas, mis carencias, mi falta de herramientas. Nadie llega sabiendo hacerlo todo bien.

Y cuando uno se mira con esa comprensión, algo se alivia dentro.

No fue perfecto. Cometí errores. Lo admito.

Pero si hoy soy más consciente, más profundo, más humano, es porque me atreví a mirar de frente todo eso que tanto dolía.

Y entendí que no vine a esta vida para ser impecable. Vine para aprender.

Volver al pasado ya no es un castigo, sino una lección.

Lo reviso no para instalarme en el remordimiento, sino para entender.

Porque hay cosas que la vida te repite hasta que las aprendes, y ya estoy cansado de repetir los mismos capítulos.

Hoy sé que no soy la misma persona que tomó aquellas decisiones.

Ese Óscar actuó desde lo que conocía, desde lo que podía.

Pero el de hoy…

…el de hoy está dispuesto a vivir con más presencia, con más verdad y con más amor propio.

Soltar no es olvidar, ni tampoco rendirse.

Soltar es reconocer que aquello ya no te pertenece, que te enseñó lo que tenía que enseñarte y que ahora hay que seguir.

Duele, claro. A veces se siente como una pérdida.

Pero no hay crecimiento sin desprendimiento.

No hay nuevos caminos si uno no deja de mirar hacia atrás.

He comprendido que no puedo ofrecer mi mejor versión si no estoy en paz conmigo.

Y eso empieza por perdonarme, por respetarme, por entender que si alguna vez no supe cómo amar bien, cómo cuidar bien o cómo hablar bien, fue porque aún estaba aprendiendo a hacer todo eso conmigo.

Hoy, miro hacia adelante.

Y aunque llevo mi pasado en la mochila, ya no me pesa como antes.

Ahora sé que lo esencial no es lo que perdí, sino lo que aprendí.

Y que lo que viene… lo construiré desde un lugar más sabio, más libre y, sobre todo, más fiel a quien soy ahora.

Porque el pasado no me define. Pero sí me enseñó a no volver a perderme a mí.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario