576. ¿De quién es el amor?

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El amor es de quien sigue creyendo aunque tenga el corazón lleno de cicatrices.

De quien, aún con el alma cansada de tanto esperar lo que nunca llegó, se atreve a abrirse una vez más.

Es de quien aprendió que el amor no siempre es perfecto, pero sí puede ser verdadero.

El amor es de quien no mide lo que da.

De quien ofrece su tiempo, su espacio y sus silencios, sin esperar nada más que una mirada que diga “estoy aquí”.

Es de quien sostiene una mano temblorosa en una habitación de hospital, sin promesas grandilocuentes, solo con presencia, solo con amor.

Como tú, J.

El amor es de quien escucha, incluso cuando las palabras no se pronuncian.

De quien comprende los silencios, de quien sabe que no todos los días son fáciles, pero que aún en los días grises, quedarse es una elección.

Es de quien se sienta en un sofá y se queda dormido sobre tu pecho, no por cansancio, sino porque ahí se siente segura.

El amor es de quien no huye de los fantasmas del pasado, sino que toma de la mano a quien los arrastra y le dice “no estás solo”.

Es de quien no quiere salvarte, solo acompañarte.

De quien no exige ser el centro de tu mundo, pero se convierte en hogar en medio del caos.

El amor es de quien respeta tu historia, tus heridas, tus pausas.

De quien no se asusta cuando te rompes un poco, porque ha decidido quererte completo, incluso cuando tú aún estás reconstruyéndote.

El amor, esta vez, es tuyo.

Y es suyo.

Porque después de tanto buscar, tanto perder, tanto dar y tanto caer, encontraste a alguien que no te pide que dejes de ser quien eres, sino que te abraza más fuerte por ello.

Porque J no llegó para sustituir nada, sino para enseñarte que hay amores que no hacen ruido, pero se quedan.

Que hay personas que no te prometen el cielo, pero hacen del día a día un lugar donde quedarse a vivir.

Y ahora lo sabes:

El amor verdadero no es perfecto, pero sí es claro.

Y si alguna vez dudas de todo, solo recuerda que una noche, alguien apareció en la puerta de un hospital con una mochila y una sonrisa, y sin decirlo, te dijo:

“Aquí estoy. Por ti. Contigo. Siempre.”

Continuará…

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