La vida nos da privilegios únicos, momentos que definen quiénes somos. Y sin duda, uno de los más hermosos ha sido el amor que he elegido entregarte. Porque tú, mi amor, no fuiste solo una casualidad… fuiste mi casualidad más bonita. Llegaste sin avisar, pero desde el primer instante lo supe: traías un nuevo significado, un nuevo color, una nueva luz a todo lo que soy.
Te amo con un amor puro, sin condiciones ni cadenas, porque sé que el amor real no aprieta ni obliga. Solo acompaña, solo respeta. Y yo te amo así, sin pretender cambiar ni una sola parte de ti, porque cada detalle tuyo —tus virtudes, tu esencia, tu forma de mirar el mundo— me parece perfecto. Eres mi paz, mi locura, mi ternura diaria. El suspiro que se me escapa cuando te pienso, la calma que me envuelve cuando te abrazo.
No hay tesoro en el mundo que se compare a tenerte. Eres mi refugio, mi hogar, esa presencia que me hace sentir que, incluso en medio del caos, todo va a estar bien. Tu risa es mi melodía favorita y tu amor, el mayor regalo que la vida me ha dado.
Cada día me despierto con la certeza de que existes, y solo eso ya ilumina mi jornada. Saber que podré escucharte, verte, o simplemente tenerte en mi mente, transforma lo cotidiano en algo extraordinario. No sé cómo lo definiría la ciencia o la psicología… pero lo que yo siento cada vez que pienso en ti no necesita explicación: necesito verte, abrazarte, perderme en tu mirada. Porque mirarte es encontrar un universo donde solo estamos tú y yo.
Desde que llegaste, mi vida se dividió en dos: antes y después de ti. Antes, todo era ruido, prisa, vacío. Ahora, camino por la misma calle, pero con un propósito, con una dirección: tú. Eres mi norte, mi faro, la luz que no ciega, sino que guía con dulzura y me devuelve la paz que tantas veces creí perdida.
Eres más que pensamiento bonito, más que musa de mis días. Eres esa combinación perfecta de dulzura y fortaleza. Cada sonrisa tuya es un regalo que guardo con cuidado. Tus caricias no tocan solo mi piel, llegan hasta lo más profundo. Me completas de una manera que no sabía que se podía. Si sin ti soy un cinco, contigo soy cien. Así de simple. Así de real.
No hay nada que pueda interrumpir lo que siento por ti. Ni la distancia, ni el tiempo, ni mis propias dudas pasajeras. Eres única. Irremplazable. El amor de mi vida.
Y ahora, mientras la noche cae, te pienso desde esta sala, como cada día. Me encantaría darte ese beso de buenas noches, abrazarte mientras el mundo duerme. Pero mientras llega ese instante, le pido a la luna que te arrope con su luz, que las estrellas velen tu descanso, y que sepas —lo sepas muy dentro— que hay un corazón aquí, latiendo solo por ti.
Descansa, mi amor. Mi reina. Mi todo.
Te amo con toda mi alma, hoy y siempre.
Continuará…
Deja un comentario