Hay días en los que el cuerpo pesa más que de costumbre, en los que la mente va más lenta y el corazón, sin saber por qué, empieza a dudar.
Y es que estar cansado es humano.
Sentirse agotado, perdido, sin fuerzas… también es parte del camino.
Pero hay una gran diferencia entre eso y tirar la toalla.
Porque el cansancio solo pide pausa.
Pide silencio, un poco de aire, tal vez un abrazo.
A veces, incluso, la mejor solución nace cuando dejamos de correr, cuando respiramos hondo y permitimos que la mente se enfríe.
Pero tirar la toalla… tirar la toalla es dejar que el desánimo nos convenza de que no vale la pena seguir.
Es permitir que una sola batalla perdida nos robe las ganas de luchar las demás.
Y ahí está la verdadera pelea: no fuera, sino dentro.
En ese rincón de la mente donde se libra la guerra entre el “no puedo más” y el “voy a intentarlo una vez más”.
Nuestra mente es trinchera y es templo.
Ahí decidimos si nos rendimos o si descansamos un rato y seguimos.
Ahí nace la claridad que nos recuerda hacia dónde queremos ir.
Ahí, en medio del caos, podemos encontrar la paz que necesitamos para continuar.
Si hay algo que te hace vibrar, que le da sentido a tu vida, si hay un sueño tan grande que se convierte en propósito… créeme: ni el tiempo, ni el dinero, ni las derrotas, ni los problemas podrán arrebatártelo.
Cansarse está bien.
Pedir ayuda está bien.
Bajar la guardia por un momento también lo está.
Pero no confundas eso con rendirte.
A veces, lo más valiente que puedes hacer es sentarte, secarte el sudor… y seguir.
Continuará…
Deja un comentario