Si ella ya no está conmigo.
Si ha encontrado a otra persona con la que dice ser feliz.
Si yo me esfuerzo cada día por que todo sea más fácil entre nosotros…
Si la trato con respeto.
Si me alegra verla bien.
Si intento ayudarla sin pedir nada.
Si sonrío incluso cuando por dentro algo se me rompe…
Entonces…
¿Por qué me habla mal?
¿Por qué pago sus enfados?
¿Por qué, si ya no hay nada entre nosotros, sigue dirigiéndome la ira que no se atreve a mostrar en otro lado?
¿Será que le duele algo que no puede nombrar?
¿Será que me guarda rencor por cosas que nunca conseguimos arreglar?
¿Será que, aunque no lo admita, su felicidad no es tan perfecta como intenta mostrar?
O tal vez simplemente yo soy su lugar seguro para desahogarse, su saco de boxeo emocional.
El único que sabe que no va a responder con daño.
Porque me sigue importando.
Porque, a pesar de todo, solo quiero verla feliz…
Aunque no sea conmigo.
Aunque me cueste la paz.
Aunque me duela el alma.
No tengo respuestas.
Solo preguntas que pesan más de lo que deberían.
Y una certeza que me acompaña en silencio: estoy intentando hacerlo bien.
Y si alguien decide hacerme daño incluso cuando doy lo mejor de mí, incluso cuando pongo buena cara a pesar de todo, entonces el problema no soy yo, aunque al final sea quien lo sufre, porque yo he asumido mis errores, estoy mejorando mientras otros siguen sin ser capaces de pedir disculpas incluso cuando saben que se han equivocado.
Continuará…
Deja un comentario