595. Tu presencia… mi hogar

By

Muchas veces me sorprendo pensando en ti sin querer… como si tu nombre ya estuviera tatuado en mis pensamientos, como si fueras parte del paisaje interno que me acompaña incluso cuando no estás.

Y no, no es exageración.

Es más bien un suspiro largo que se me escapa cada vez que imagino tu risa llenando mis días.

No te hablo desde la idealización, te hablo desde lo cotidiano, desde lo simple, desde esas ganas tranquilas de compartir un café, una caminata sin rumbo o un silencio cómodo que no pide explicaciones.

Hay algo en ti que me invita a quedarme.

A dejar de correr.

A entender, por fin, que no todo amor tiene que doler para ser profundo.

Contigo, aprendí que la paz también puede emocionar.

Que el cariño no grita, pero se queda.

Y que hay miradas que dicen más que todos los textos que llevo escribiendo desde hace meses.

Me gusta cómo hablas, cómo callas, cómo te expresas sin palabras cuando me miras sin querer decirlo todo, pero diciéndolo igual.

Y yo, que durante tanto tiempo guardé los “te quiero” como si se me fueran a romper, ahora los siento salir sin miedo.

Sin empujarlos.

Sin forzarlos.

No quiero prometer eternidades, ni firmar amores que suenen a contrato.

Solo quiero despertarme mañana, y que sigamos eligiéndonos.

Con lo bueno, con lo real, con lo que cuesta y también con lo que alivia.

Porque amar, contigo, no suena a promesa.

Suena a refugio.

Suena a paz.

Suena a hogar.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario