599. Un amor que no se apaga

By

Esto lo escribí en 8 de marzo, J, lo ha leído y me ha dicho que no le importa en absoluto que lo suba, que era lo que sentía en ese momento y que en lugar de dejarlo a perpetuidad en “Borradores” que lo publique y así “lo suelte” y tiene razón.

Dicen que el amor, cuando es verdadero, nunca desaparece del todo. Que se transforma, que encuentra maneras de seguir existiendo incluso cuando la historia se ha roto. Y tal vez tengan razón, porque aquí estoy, sintiéndola aún en cada rincón de mi vida, incluso cuando ya no me pertenece.

Ella ha seguido adelante. Ha encontrado a alguien más. Y aunque sé que no debería dolerme tanto—después de todo, nadie es dueño de nadie—, me destroza por dentro. Porque no es solo que haya conocido a otra persona, es que yo sigo aquí, estancado en un sentimiento que se niega a morir.

No puedo soltarla. No quiero. Ojalá pudiera decir que es por orgullo o por terquedad, pero no. Es porque el amor que siento por ella es tan grande que no encuentro un lugar donde dejarlo. No cabe en mi pecho, pero tampoco en el pasado. Y mientras tanto, ella sigue en mi vida. Cada día. En el trabajo, en los pasillos, en las conversaciones casuales que deberían ser inofensivas pero que para mí son puñaladas silenciosas.

Intento actuar con normalidad. Intento convencerme de que soy fuerte, de que con el tiempo esto pasará. Pero, ¿qué pasa si no lo hace? ¿Qué pasa si este amor nunca encuentra una salida y se queda conmigo para siempre, como un eco de lo que una vez fue?

No quiero pensar en eso ahora. Hoy solo quiero desaparecer, reiniciar mi vida en algún rincón del mundo donde nadie me conozca, donde pueda dejar de ser el hombre que aún la ama. Pero sé que eso no es posible. Así que lo único que me queda es seguir respirando, seguir caminando, seguir sobreviviendo a su ausencia, aunque ella siga estando aquí.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario