603. ¿Destino o casualidad?

By

Segunda entrada de la serie: Empezar de nuevo con alguien que sí se queda.

Hay momentos en los que uno se pregunta si todo lo que pasa es cuestión de azar… o si, de alguna manera que no entendemos, todo tenía que ocurrir así.

A veces me siento a mirar hacia atrás, solo unos meses, y me doy cuenta de lo mucho que ha cambiado todo.

No solo por lo que perdí, sino por lo que gané sin buscarlo.

Por lo que el dolor me enseñó.

Y por esa presencia inesperada que entró en mi vida sin pedir permiso, pero como si siempre hubiera tenido las llaves.

J apareció justo cuando más roto estaba.

Cuando aún me dolía lo que S había hecho y dejado de hacer.

Cuando yo me seguía entregando aunque me devolvieran silencio, distancia o reproches.

Cuando me preguntaba si tenía sentido seguir siendo bueno en un mundo que parecía premiar lo contrario.

Y entonces… apareció ella.

No como un parche.

No como un escape.

Sino como un reencuentro con algo que había estado dormido en mí durante años.

¿Destino? ¿Casualidad?

Puede que fuera ambas cosas.

Puede que la vida se haya cansado de verme esperar migajas y decidió regalarme algo que sí tuviera valor.

Alguien que no mide cuánto dar.

Alguien que no se asusta de mis sombras, ni me pide que sea perfecto.

Alguien que escucha sin interrumpir y abraza incluso cuando no entiende del todo.

No creo en las coincidencias desde que ella volvió.

Desde que un día, sin previo aviso, la infancia llamó a la puerta del presente.

Desde que me miró como si los años no hubieran pasado, y sin saberlo, me ayudó a cerrar heridas que no eran suyas.

¿Fue fácil? No.

He tenido que lidiar con fantasmas.

Con silencios que duelen.

Con sentimientos que se mezclan.

Con la presencia de S en mi día a día, obligándome a sanar desde dentro porque no había opción de alejarme del todo.

Pero esta vez no lo hice solo.

J estuvo ahí.

Estuvo cuando no era sencillo.

Cuando aún no tenía claro qué sentía.

Cuando lloraba sin entender por qué dolía algo que ya no quería tener.

Cuando dudaba de mí, de lo que merecía, de si podría volver a empezar sin hacer daño.

Y ella no se fue.

No se cansó.

No esperó que yo estuviera entero para quedarse.

Se quedó para acompañar el proceso, no solo el resultado.

Eso… eso no es casualidad.

Eso es lo que pasa cuando el destino decide darte un descanso.

Cuando la vida, después de tantas pruebas, por fin te regala algo limpio.

No sé qué seremos mañana.

No necesito saberlo.

Solo sé que hoy hay alguien que camina conmigo sin condiciones.

Que me abraza como si supiera que aún hay partes de mí que duelen.

Que me quiere sin pedir permiso y sin reclamar explicaciones.

Y si eso no es destino… entonces bendita casualidad.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario