605. El arte de quedarse

By

Cuarta entrada de la serie: Empezar de nuevo con alguien que sí se queda

Quedarse…

Esa palabra que a veces parece pequeña, pero que encierra todo lo que antes me faltó.

Durante mucho tiempo, lo que más dolió no fue que me hicieran daño, sino que se fueran cuando más lo necesitaba.

Que no supieran sostenerme cuando dejé de sonreír.

Que confundieran mis silencios con desinterés, cuando en realidad eran gritos atrapados.

Que dijeran “aquí estoy” mientras ya estaban pensando en irse.

Y ahora estás tú.

Y tú no te vas.

Ni siquiera cuando no sabes qué decir.

Ni cuando ve que aún me duele lo que ya no debería.

Ni cuando me pierdo en pensamientos que no comparto en voz alta.

Tú no corres. No te alejas.

Tú simplemente te quedas.

Y eso, que parece tan sencillo, lo cambia todo.

Porque el arte de quedarse no es solo estar… es saber acompañar sin invadir.

Es entender sin exigir.

Es tener la paciencia de quien ve una herida abierta y no quiere curarla a la fuerza, sino cuidarla hasta que cierre por sí sola.

Tú no viniste a ocupar un lugar.

Viniste a crear uno nuevo.

Uno donde no necesito esconder lo que siento, ni maquillar lo que viví.

Uno donde no tengo que ser fuerte todo el tiempo, ni sonreír cuando no puedo.

A tu lado aprendí que el amor también puede ser suave.

Que no todo tiene que doler para ser profundo.

Que hay personas que no se asustan de lo que aún está roto.

Que hay quien elige quedarse aunque no entienda el todo, pero valore lo que eres en cada parte.

Y eso… eso es lo que necesitaba sin saberlo.

Gracias por no pedir que fuera distinto.

Gracias por no medir mis avances con un cronómetro.

Gracias por quedarte, incluso cuando aún estoy aprendiendo a creer que merezco que alguien lo haga.

Porque quedarse, cuando no todo está bien… ese es el gesto más valiente de todos.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario