608. El vacío también enseña

By

He sentido el vacío.

En madrugadas donde ni el silencio me hablaba, donde todo parecía estar en pausa menos el dolor.

En esas noches largas en las que el alma pesaba más que el cuerpo, y en las que sonreír se convertía en un acto de supervivencia más que de alegría.

He visto mi reflejo en espejos que no devolvían nada.

Solo una mirada cansada.

Un gesto roto.

Y un intento de sostenerme sin saber muy bien para qué.

No vengo de lujos emocionales.

Vengo de luchas.

De darlo todo sin saber si recibiría algo.

De querer bien a quien no supo cómo quedarse.

De confiar cuando ya estaba roto por dentro.

Y aun así, seguí.

No porque tuviera fuerzas, sino porque no me permití caer del todo.

Hay ausencias que no hacen ruido, pero dejan huella en cada paso.

Y aunque no tuve todo lo que deseaba, he cargado dolores que casi nadie ha visto… y que, a veces, ni yo sabía cómo nombrar.

He vivido días en los que el futuro parecía un invento.

Y el pasado… una celda con la puerta abierta, pero con cadenas invisibles que me ataban desde dentro.

Y aún así, aquí estoy.

Escribiendo.

Soltando.

Sosteniéndome en palabras, en fragmentos de calma que no siempre se notan, pero nunca me abandonan del todo.

Esa persona que vive en el espejo —yo— me ha visto caer más veces de las que admito.

Me ha visto llorar por dentro mientras los demás veían calma.

Y aun así…me sigue esperando.

Como si supiera que volvería.

Aunque sea entre susurros rotos.

Aunque aún me cueste reconocerme del todo.

No tengo todo.

Pero tengo historias.

Cicatrices limpias.

Un corazón que, aunque cansado… todavía late.

Todavía cree.

Porque he descubierto que hasta el vacío enseña.

Y en el fondo de ese vacío… algo nuevo empieza a nacer.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario