Primera entrega de la serie: Con cicatrices se sigue viviendo
Dicen que el tiempo lo cura todo.
Pero no es verdad.
El tiempo ayuda, sí.
A veces alivia. A veces ordena.
Pero no lo borra todo.
Y hay heridas que, en lugar de desaparecer, se esconden.
He aprendido que hay recuerdos que no se desvanecen con los días.
Se quedan.
Ahí, donde nadie mira.
En los silencios. En las pausas.
En las canciones que no supe borrar.
En los lugares que sigo evitando.
En los gestos que a veces me descubro buscando, aunque ya no estén.
Hay memorias que duelen bajito.
Que no comparto con cualquiera.
Que no llevan nombre ni fecha, pero viven dentro.
Y aunque hoy intento mirar hacia adelante, a veces me pierdo en ellas.
Como si volver fuera posible.
Como si revivir bastara para cerrar.
Pero no basta.
No todo se cura.
Hay cosas que simplemente se integran.
Se aprenden a llevar.
Y uno sigue caminando así: con cicatrices invisibles y recuerdos que gritan en silencio.
No me avergüenzo de ellas.
No las escondo.
Forman parte de lo que fui… y también de lo que soy.
Porque lo que dolió me enseñó a hablar.
Lo que perdí me enseñó a valorar.
Y lo que no supe decir a tiempo… me enseñó a no callarme más.
Hoy ya no quiero borrar el pasado.
Solo quiero hacer las paces con él.
Para poder vivir en el presente sin quedarme atrapado en todo lo que el tiempo no borró.
Continuará…
Deja un comentario