614. Las canciones que me rompen en silencio

By

Tercera entrega de la serie: Con cicatrices se sigue viviendo

Hay recuerdos que no necesitan fotos.

Solo basta con que suene una canción… y todo vuelve.

Los gestos, los silencios, los momentos exactos en los que el alma se rompía en voz baja.

Para mí, hay cinco canciones que no puedo escuchar sin que algo se mueva por dentro.

Cinco melodías que se quedaron ancladas a mi historia, a lo que viví con ella, a lo que no supe decir y a lo que, aunque duela, todavía siento.

1. “Te entiendo” – Pignoise

No sé cuántas veces la escuché sintiendo que hablaba de mí.

De esa forma en que uno se queda atrapado en lo que fue, intentando comprender al otro… mientras se va perdiendo a sí mismo.

“Te entiendo, aunque no lo digas.”

Y yo entendía… aunque eso nunca bastara.

2. “Paseo” – Estopa

Esta canción tiene algo que no sé explicar.

Me lleva a lugares que compartimos, al viaje de nuestras primeras vacaciones juntos a Isla, a paseos que no sabíamos que eran los últimos, a conversaciones que no volvieron.

Hay un trozo de mí que sigue caminando ahí, con ella, como si nada hubiera cambiado.

3. “Falta Amor” – Sebastián Yatra & Ricky Martin

Me recuerda al desgaste.

A ese momento en el que todo está, pero ya no está igual.

Cuando lo das todo, y aún así sientes que algo falta.

Y ese “algo” era justo lo que sostenía todo lo demás.

4. “Por verte” – Pignoise y Despistaos

Porque sí, por verla… hubiera hecho cualquier cosa.

Y aún hoy, hay días en los que lo haría de nuevo.

Aunque ya no deba. Aunque ya no tenga sentido.

Porque cuando amas de verdad, hay canciones que nunca dejan de doler del todo.

5. “Guapa” – El Chojin con ZPU

Esta… esta fue un espejo brutal.

Un retrato de lo que no supe decir en su momento.

De lo que ella fue para mí, y de lo que aún me cuesta aceptar que perdí.

No es solo una canción. Es una herida con melodía.

No las busco.

No las tengo en ninguna lista.

Pero a veces aparecen. En un bar, en una tienda, en el coche de alguien.

Y cuando suenan… no puedo evitarlo.

Me quedo quieto.

Y durante unos minutos, todo lo que creía controlado vuelve a doler.

Pero hay algo distinto ahora.

Antes esas canciones me rompían.

Hoy, me recuerdan lo que fui.

Lo que sentí.

Lo que entregué.

Y aunque a veces sigan doliendo… también me recuerdan que sobreviví a todo eso.

Que sigo aquí.

Con música.

Con cicatrices.

Y con ganas de seguir escuchando lo que venga.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario