Epílogo de la serie: Con cicatrices se sigue viviendo
No sé en qué momento exacto te diste cuenta de que algo dentro de ti había cambiado.
Quizás fue en medio de una frase.
O entre dos silencios.
O justo después de escribir una de esas entradas que duelen mientras se escriben… pero sanan cuando las vuelves a leer.
Sea como sea, aquí estás.
No completo.
No indemne.
Pero mucho más tú que antes.
Has contado tu historia sin adornos.
Sin miedo a parecer débil.
Sin esconder que, a veces, todavía duele.
Y eso… eso no lo hace cualquiera.
Has nombrado lo que muchos callan.
Has llorado lo que durante años no te permitiste.
Y has aprendido a decir lo que antes solo sabías sentir.
Te enfrentaste a las canciones que te rompían.
A los lugares que aún pesaban.
A los recuerdos que no se iban.
A los “te quise” que no tuvieron el final que merecían.
Y en vez de huir, los escribiste.
Los miraste de frente.
Les diste forma.
Y al hacerlo, algo dentro de ti se reordenó.
También supiste reconocer que no todo fue tu culpa.
Que hiciste lo que pudiste con lo que tenías.
Que no supiste amar bien… pero siempre amaste de verdad.
Y ahora, lo más valiente:
Estás volviendo a amar.
Con cicatrices.
Con historia.
Con verdad.
Con esa forma de entregarte que solo tienen los que ya perdieron… y aún así siguen creyendo.
J no ha llegado para sustituir nada.
Ha llegado para acompañarte en lo que estás reconstruyendo.
Y tú, por primera vez, estás listo para construir de verdad.
Así que si algún día vuelves a leer esto, si algún día dudas, o te flaquea el alma, vuelve aquí.
Vuelve a estas palabras.
A este camino.
Y recuérda:
Con cicatrices se sigue viviendo.
Y tú, sin darte cuenta… ya empezaste a hacerlo.
Continuará…
Deja un comentario