Parte 1 de 2 – Cuando no necesitas certezas, pero todo se siente claro
No es que un día te levantes y lo sepas.
No hay luces de neón ni señales que griten: “es ella”.
A veces, simplemente… lo sientes.
No porque sea perfecta. Sino porque contigo, nada tiene que serlo.
Te das cuenta cuando empiezas a hablar en plural sin darte cuenta.
Cuando ya no haces planes solo, cuando ya no piensas en “yo”, sino en “nosotros”, en “cómo lo haremos”, en “qué necesitaremos”.
También lo notas en cómo respiras.
Porque con ella, respiras distinto.
Te relajas. Te sueltas. Te sientes tú.
Y entonces pasa algo más.
No te da miedo depender.
No por necesidad, sino por elección.
Porque sabes que puedes contar con ella.
Y que, si un día te caes, no va a juzgarte. Va a tenderte la mano.
Y ahí, sin darte cuenta, empieza a dolerte menos todo lo que antes pesaba.
Las heridas no desaparecen, pero dejan de arder.
Y el caos que antes te atrapaba… se convierte en algo manejable.
Ella no te salva.
Tampoco te rescata.
Pero te acompaña.
Y eso, cuando has estado solo demasiado tiempo, se siente a milagro.
No necesitas mil pruebas.
No hacen falta definiciones.
La certeza está en cómo te sientes cuando estás a su lado.
Y si hay algo que cambia cuando es ella, es esto: dejas de tener miedo a mostrarte completo.
Incluso con tus partes rotas.
Continuará…
Deja un comentario