624. Cuando la luna sigue saliendo (Reflexión)

By

Primera entrada de la serie: Una historia sobre heridas que no se niegan, lunas que nunca dejan de salir, y caminos que, a pesar de todo, se siguen andando.

No fue fácil.

Y quien diga que olvidar es cuestión de tiempo, no ha vivido de verdad.

Olvidar no es borrar.

Olvidar es aprender a caminar con una ausencia que ya no pesa como antes.

Es recordar sin romperse.

Es mirar atrás y saber que sí, que te dolió, pero también que sobreviviste.

Yo me quería quedar.

Quería construir, luchar, insistir.

Pero la vida, a veces, nos enseña que amar no siempre basta para que dos caminos sigan siendo uno.

Que, por mucho que lo intentes, hay destinos que ya no se cruzan.

No fue falta de amor.

Fue falta de sincronía.

Fue el momento, las heridas, los miedos, las decisiones que a veces uno toma queriendo proteger… y termina destruyendo.

Hoy, todavía hay ecos.

Canciones, lugares, frases que me llevan allí, a lo que fuimos.

Y no los niego.

Pero tampoco me pierdo en ellos.

Porque aunque no estés, aunque no sea tu mano la que acompañe la mía, el sol sigue saliendo.

La luna sigue iluminando mis noches.

Mi vida sigue andando.

No me he roto.

No me he quedado allí.

Casi caigo, sí.

Casi retrocedo.

Casi te busco.

Pero no.

Porque sé que ahora mi camino es otro.

Y aunque a veces la nostalgia susurre en medio del silencio, ya no me detiene.

Sigo caminando.

Sigo viviendo.

Sigo soñando.

Y sí, sigue saliendo la luna… incluso cuando ya no estás.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario