Epílogo de la serie: “Cuando el silencio empieza a hablar”. A veces, las respuestas no se encuentran en las palabras, sino en lo que callamos.
El silencio, a veces, pesa más que mil palabras.
Pero también protege.
También enseña.
También revela.
Callar no siempre es rendirse.
Callar puede ser amar en silencio, respetarse en medio del ruido, salvarse a uno mismo cuando hablar sería solo vaciarse para nada.
Durante mucho tiempo pensé que el silencio era cobardía.
Hoy entiendo que, a veces, es valentía.
Que hay batallas que no se pelean en voz alta.
Que hay verdades que no necesitan gritarse para ser sentidas.
Elegir callar no es desaparecer.
Es permanecer en uno mismo.
Es saber cuándo hablar suma y cuándo el silencio dice más que cualquier explicación.
Así que si alguna vez me ves en silencio, no pienses que me he ido.
Tal vez, simplemente, he decidido quedarme conmigo.
Y eso, ahora lo sé, también es amor.
“Callé para no perderte. Y en ese silencio, los dos dejamos de entendernos. No fue falta de amor. Fue falta de saber sostenerlo.”
Continuará…
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