Primera entrada de la serie: Amar con carácter: Cuando el amor es fuerza que sostiene.
Amar no es rendirse a todo.
No es ceder siempre para evitar conflictos.
No es decir que sí cuando por dentro gritas que no.
Amar, bien entendido, también es ser fuerte.
Amar con carácter es tener la valentía de mirar al otro a los ojos y, aunque duela, decir la verdad.
Es marcar límites sanos, no para alejarnos, sino para proteger lo que somos juntos.
Es no perderse en el amor, sino encontrarse aún más.
A veces, confundimos amor con complacencia.
Pensamos que amar es no incomodar nunca, no señalar errores, no pedir lo que necesitamos.
Pero eso no es amor: eso es miedo.
Miedo a perder, miedo a ser rechazados, miedo a no ser suficientes.
Amar con carácter significa que, incluso en medio del amor, recordamos que tenemos una voz.
Que nuestras necesidades también importan.
Que no todo vale.
Que hay cosas que, por amor, no se permiten:
ni el desprecio,
ni la indiferencia,
ni la falta de respeto.
Amar es ceder a veces, sí.
Pero también es mantenerse firme cuando es necesario.
Es saber decir: “te amo, pero no voy a dejar de ser yo para sostener algo que nos rompe.”
El amor fuerte no es el que soporta todo.
Es el que construye desde la verdad.
Desde dos personas que no se anulan, que no se apagan, sino que se iluminan.
Amar con carácter no es una amenaza.
Es la promesa de que estaremos ahí, incluso cuando sea incómodo, incluso cuando sea difícil.
No para destruirnos.
Sino para crecer.
Juntos.
Sin máscaras.
Sin miedo.
Porque el amor más grande no es el que se somete.
Es el que se elige libremente cada día, con fuerza, con ternura y con carácter.
Continuará…
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