Epílogo de la serie: Amar con carácter: Cuando el amor es fuerza que sostiene.
No existe el amor perfecto.
No existe la relación sin grietas, sin silencios incómodos, sin momentos de duda.
Pero sí existe el amor que permanece.
El amor que, a pesar de los días grises, sigue latiendo.
El amor que no huye cuando llegan las tormentas.
El amor que, aun temblando, se aferra a lo que importa.
Amar con carácter no es amar sin miedo.
Es amar a pesar del miedo.
Es quedarse cuando todo dentro tiembla.
Es hablar cuando sería más fácil callar.
Es tender la mano cuando sería más sencillo dar la espalda.
El amor con carácter no promete finales de cuento.
No promete que todo será fácil.
Pero promete presencia.
Promete lucha.
Promete verdad.
Promete que, aunque duela, aunque a veces duela mucho, no se rendirá fácilmente.
Promete que, aun cuando todo alrededor se desmorone, el amor será el último en caer.
Porque el verdadero amor no es el que nunca se rompe.
Es el que, roto, encuentra formas nuevas de seguir amando.
Amar con carácter es amar con el alma abierta, pero también con los pies en la tierra.
Es construir un refugio que resista el tiempo, las heridas y las ausencias.
No es amar solo los días felices.
Es amar también los días que pesan.
Es amar los defectos, las dudas, las cicatrices.
Porque el amor más real no es el que más promete, sino el que más permanece.
Y cuando uno encuentra algo así… entonces entiende que todo el dolor, todo el miedo, todo el esfuerzo… valió la pena.
Porque al final, lo único que importa no es que nunca caigamos.
Es que siempre, siempre, nos volvamos a elegir.
“El amor verdadero no es el que nunca tiembla, sino el que, aun temblando, sigue diciendo: aquí estoy.”
Continuará…
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