644. Quererse también duele (Lo que permití por no quererme)

By

Cuarta entrada de la serie: Quererse también duele.

Hay cosas que uno soporta cuando no se quiere.

Cosas que ahora, desde la distancia, duelen más que cualquier cicatriz visible.

Permití silencios que me rompían por dentro.

Permití miradas que me empequeñecían.

Permití palabras afiladas, promesas vacías, huidas disfrazadas de amor.

Dejé que pisaran mis límites porque no sabía que tenía derecho a tenerlos.

Dejé que me eligieran a ratos porque yo no era capaz de elegirme a mí mismo.

Acepté las migajas porque creí que era lo máximo a lo que podía aspirar.

Y no, no siempre fueron otros los culpables.

Yo también fui cómplice de mi propio dolor.

Porque no sabía decir “basta”.

Porque creía que, si aguantaba lo suficiente, el amor lo curaría todo.

Porque confundí aguantar con amar.

Por no quererme, permití ser opción donde debía ser prioridad.

Permití ser consuelo donde merecía ser compañero.

Permití ser refugio temporal de gente que nunca pensó quedarse.

Y sí, cuesta reconocerlo.

Cuesta mirarlo de frente sin hundirse en el peso de la culpa.

Pero el primer paso para no repetirlo es aceptarlo:

No fue solo que me hicieran daño.

Es que yo también me abandoné en el proceso.

Hoy, desde este lado del dolor, no me odio por lo que permití.

Lo entiendo.

Era todo lo que sabía hacer con el amor que no me daban… y que yo no sabía darme.

Pero ya no.

Hoy elijo mis silencios.

Elijo mis compañías.

Elijo mis batallas.

Porque ahora sé que no todo se permite.

Que no todo se tolera.

Que no todo vale.

Y sobre todo… que quien aprende a quererse, ya no acepta amores a medias, ni presencias a ratos.

No más.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario