Acabo de leer tu mensaje.
“Acabo de entregar las llaves……”
Y me han temblado hasta los huesos.
No sé qué esconden esos puntos suspensivos.
No sé si es nostalgia, culpa, indiferencia o simplemente una forma cobarde de no decir más.
Pero los sentí como un susurro que rompe.
Como una frase a medias que, sin embargo, lo dice todo.
Las llaves.
Aquellas que abrían una casa… una vida… un nosotros.
Ya no están.
Ya no te pertenecen.
Y aunque hace tiempo que sabía que ese momento iba a llegar, lo cierto es que duele como si no me lo esperara.
Porque mientras tú cerrabas esa puerta, yo aún dejaba la ventana entreabierta.
Una rendija.
Una esperanza.
Un “quizá algún día”.
Un “todavía no es el final”.
Pero sí. Lo era.
Lo es.
Entregar las llaves es fácil.
Lo difícil es soltar todo lo que vivió detrás de esa cerradura.
Los abrazos en el pasillo.
Los silencios compartidos en el sofá.
Las discusiones que terminaban con un “ven”.
Las risas tontas al preparar la cena.
La bañera llena compartida para relajarnos juntos.
Eso no se entrega.
Eso… se arrastra.
Y sé que hiciste tu vida.
Que elegiste a otra persona.
Que ya no soy parte de tus paseos con Sau, de tus rutinas, de tus planes.
Pero aún así, me pregunto:
¿Te dolió, aunque fuera un poco?
¿Sentiste el peso simbólico de cerrar para siempre algo que una vez fue hogar?
Yo sí lo sentí.
Y me estoy rompiendo.
Porque luché.
Porque di todo.
Porque creí que había algo en ti que aún miraba hacia mí.
Y quizás lo hubo, pero no fue suficiente.
Hoy sé que he perdido algo que no volverá.
No porque no lo mereciera.
Sino porque no bastó con querer.
Y eso es lo más cruel del amor: que a veces amar con todo no alcanza.
Así que aquí estoy, escribiéndote sin enviártelo, diciendo todo lo que no cabe en una respuesta seca a tu mensaje.
Y si te preguntas cómo estoy…
Estoy vacío.
Estoy roto.
Pero también estoy intentando.
Intentando entender que a veces, el amor no se queda.
Intentando no culparme por haber amado de más.
Intentando aprender a cerrar, aunque me cueste más que a ti.
Porque hoy tú entregaste unas llaves.
Y yo… yo estoy intentando soltar un mundo.
Continuará…
Deja un comentario