Séptima entrada de las serie: Sana, para vivir de verdad.
No todo lo que llena un vacío es amor.
No todo lo que alivia la ausencia es compañía real.
A veces, el hambre de afecto nos hace confundir consuelo con amor, presencia con compromiso, calor momentáneo con refugio verdadero.
Sana.
Para no conformarte con el primer abrazo que te quite el frío.
Sana, para no mendigar caricias solo porque el silencio pesa.
Cuando no sanas, te conformas.
Aceptas relaciones que no construyen.
Aceptas palabras que no curan.
Aceptas promesas que sabes que nunca se cumplirán.
Cuando no sanas, piensas que algo es mejor que nada.
Que es mejor alguien a medias que seguir solo.
Que es mejor un amor raquítico que el eco de tu propia voz.
Pero no es verdad.
Cuando sanas, descubres que la soledad no mata.
Que es mejor caminar solo que caminar arrastrándote en un amor sin raíces.
Que es mejor esperar, confiar, sanar… que hipotecar tu alma por no querer sentir frío.
Sana.
Para no elegir desde el hambre, sino desde la plenitud.
Sana.
Para no aceptar afectos a medias.
Sana.
Para tener la fuerza de decir: “prefiero seguir solo que conformarme con menos de lo que merezco”.
Porque cuando sanas, sabes reconocer el amor real.
Y entonces no lo persigues.
Lo eliges.
Y eliges también no quedarte donde no floreces.
Continuará…
Deja un comentario