Te estoy queriendo tan bonito que hasta a mí me sorprende la suavidad con la que brota todo esto que siento.
Tan bonito, que no hay prisa, no hay miedo a lo nuevo, no hay heridas pasadas que interfieran. Solo esta calma. Esta certeza silenciosa que me dice que lo que crece aquí merece quedarse.
No quiero impresionarte con promesas vacías. No quiero deslumbrarte con gestos grandiosos. Solo quiero que lo sientas… en la forma en que te escucho, en cómo te miro cuando no hablas, en cómo te cuido aunque no lo notes, en cómo cada día elijo quedarme.
Porque lo que siento no grita, pero tampoco se esconde. Se parece más a un susurro que se instala poco a poco, que echa raíces en la forma en que compartimos lo cotidiano. En tu risa que me calma, en mis silencios que tú entiendes. En tu paz, que se ha vuelto también la mía.
Te estoy queriendo tan bonito que ya no hace falta mirar atrás. Que incluso lo que dolió antes tiene ahora sentido, porque me ha traído hasta ti.
Gracias por permitir que te quiera así. Sin máscaras, sin castings, sin necesidad de demostrar que valgo… porque contigo, simplemente, valgo. Porque tú no viniste a completarme, viniste a recordarme que ya estaba entero. Solo necesitaba sanar para poder permitirme amar así de libre.
Y sí, ojalá puedas sentirlo. Porque esta vez, el amor no arde: abraza. No presiona: sostiene. No exige: se ofrece.
Esta vez… te estoy queriendo tan bonito que ojalá se quede.
Continuará…
Deja un comentario