662. Donde se confunden: Silencio y Comprensión

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Tercera entrada de la serie: Donde se confunden

Hay silencios que duelen.

Y hay silencios que salvan.

Durante mucho tiempo, creí que el amor estaba en las palabras, en las explicaciones, en todo aquello que podía decirse para que el otro entendiera.

Pero entonces llegó alguien que, sin hablar, me entendió más que nadie.

Y fue ahí cuando lo comprendí: no todos los silencios son ausencia.

Algunos son presencia absoluta.

No fue necesario explicar por qué me temblaban las manos, ni de dónde venían mis miedos, ni por qué a veces me encerraba dentro de mí.

Porque había alguien que no solo se quedaba… sino que me escuchaba incluso cuando no decía nada.

A su lado, el silencio ya no era incomodidad.

Era espacio.

Era respeto.

Era amor sin presión.

Una forma distinta de decir “te entiendo”, sin pronunciarlo.

Porque cuando te comprenden así, cuando alguien es capaz de leer entre tus pausas, de sostener tus vacíos sin llenarlos de ruido, el amor deja de ser esfuerzo y empieza a ser refugio.

Y ahí es donde se confunden el silencio y la comprensión.

Donde el “no pasa nada” no es indiferencia, sino permiso.

Donde no tener que explicarte se siente como un descanso que nunca habías tenido.

Ese tipo de silencio… es el que me hizo quedarme.

Continuará…

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