Quinta entrada de la serie: Donde se confunden
Nos enseñaron que el amor y el adiós no caminan juntos.
Que quien ama, no se va.
Que quien se va, ya no ama.
Pero no siempre es así.
A veces, amar también es saber irse.
Porque hay adioses que no nacen del odio ni del olvido, sino del cuidado.
Del amor más maduro, más consciente… más triste también.
Decir adiós no significa que dejaste de amar.
Significa que, incluso amando, has entendido que quedarte duele más que irte.
Y que hay un momento en el que el amor no basta, porque se convirtió en espera, en silencio, en ruina.
Te vas.
Pero no sin amor.
Te vas con él a cuestas.
Te lo llevas en cada paso, en cada recuerdo que ya no pesa, pero tampoco desaparece.
Y ahí es donde se confunden el adiós y el amor.
Porque duele irse cuando todavía se siente, cuando todavía hay imágenes que te parten por dentro, cuando todavía te tiembla el pecho al escuchar su nombre.
Pero te vas.
No por falta de amor.
Sino porque aprendiste a amarte también a ti.
Y tal vez, justo por eso, ese adiós será siempre uno de los actos de amor más puros que hayas hecho.
Aunque el otro nunca lo entienda.
Aunque no te lo agradezca.
Aunque no vuelva.
Te fuiste… pero no vacío.
Continuará…
Deja un comentario