670. Guerras interiores (Lo llamé amor… y era solo miedo a estar solo)

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Quinta entrada de la serie: Guerras interiores.

Hay momentos en los que no estás enamorado.

Solo estás vacío.

Y confundes ese hueco con necesidad de alguien.

Con urgencia de afecto.

Con ese deseo desesperado de no enfrentarte a ti mismo en el silencio de una habitación vacía.

Y entonces aparece alguien.

Alguien que escucha, que mira, que te abraza justo donde más duele.

Y sin darte cuenta, lo llamas amor.

Pero no lo es.

Es apego.

Es alivio momentáneo.

Es sentir que alguien te ve, aunque sea con una mirada que no dura.

Y eso basta… por un tiempo.

Hasta que te das cuenta de que lo que sientes no es amor.

Es miedo.

Miedo a volver a estar solo.

Miedo a enfrentar ese abismo que dejaste sin explorar.

Miedo a que si esa persona se va, te enfrentes a ti mismo… y no sepas cómo sostenerte.

Y ahí empiezas a ceder.

A callar cosas.

A permitir actitudes.

A romantizar gestos vacíos.

A quedarte, aunque algo dentro te diga que no.

Porque más miedo que perder a alguien… te da perder la ilusión de no estar solo.

Hasta que un día entiendes.

Y te duele.

Porque aceptar que no era amor es aceptar que te mentiste.

Pero también es el primer paso para dejar de hacerlo.

Porque el amor de verdad no nace del miedo.

Nace de la elección libre.

De la calma.

De la plenitud que puedes compartir, no de un vacío que buscas llenar.

Y solo cuando aprendes a estar contigo, la soledad deja de dar miedo… y el amor empieza a parecer algo que podrías merecer.

Continuará…

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