No sé si lo nuestro murió… o si fui yo quien decidió no enterrarlo.
Porque hay días en los que me convenzo de que ya te solté, y otros en los que cualquier verso, cualquier canción, me lleva directo a tu voz.
Te quise como no se debe querer a nadie: sin medida, sin frenos, sin red.
Y mientras tú caminabas ligera, yo me arrastraba con el alma abierta, intentando sujetar algo que ya no era mío.
Me decías que no te perdiera, pero te ibas en cada gesto.
Me pedías que no cambiara, pero ya no me reconocías.
Y al final, te dolía más que yo siguiera ahí… que haberte marchado.
Y ahora estoy aquí, escuchando esta canción una y otra vez,como si en cada nota pudiera encontrar una razón, una respuesta, un “por qué” que me explique cómo se rompe tanto sin que nadie pida perdón.
Si alguna vez vuelves —aunque sea en pensamientos— quiero que recuerdes esto:
Yo no te supliqué amor, te supliqué verdad.
No te pedí que te quedaras, solo que no mintieras.
Y aun así… me quedé con las manos vacías.
Así que si alguna vez dudaste de lo que fui, si alguna vez pensaste que exageraba, que era demasiado intenso, demasiado honesto, demasiado tú… te equivocas.
No era demasiado.
Era justo lo que merecías.
Aunque no lo supieras ver.
Continuará…
Deja un comentario