685. Lo que te dices puede salvarte

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Hay días en que lo único que tienes para empezar es una frase que apenas logras creerte.

Una pequeña voz que susurra entre todo el ruido:

“Hoy también puedes.”

Porque no siempre amaneces con fuerzas.

A veces te levantas roto, desganado, sin más ánimo que el que te obliga a seguir.

Y en esos días, lo que te dices importa más que nunca.

Tus pensamientos pueden ser la mano que te empuja… o la que te sostiene.

Las batallas más duras casi nunca son visibles.

Se libran en el silencio de la mente, en ese rincón donde nadie más entra.

Y ahí, tus palabras tienen filo: pueden cortarte… o ayudarte a cerrar las heridas.

No son frases vacías, ni cursilerías de autoayuda.

Son anclas.

Recordatorios.

Pequeñas luces encendidas en medio del naufragio.

“Soy suficiente.”

“Esto también pasará.”

“Estoy haciendo lo mejor que puedo.”

“Tengo derecho a descansar sin sentir culpa.”

“No todo está bien… pero yo sigo aquí.”

Dichas con ternura.

Repetidas sin prisa.

Escritas en la piel del alma.

Porque a veces, lo más valiente que puedes hacer es no rendirte a ti mismo.

No convertirte en tu propio enemigo.

Y empezar el día, simplemente, eligiendo no destruirte con lo que piensas.

Hoy intenta decirte algo bonito.

Aunque no lo sientas del todo.

Aunque no cambie el mundo.

Porque puede que no lo veas ahora… pero esas palabras, las que te regalas sin condiciones, son semillas.

Y un día, crecerán.

Continuará…

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