688. Donde se confunden (III): Orgullo y ternura

By

Hay momentos en los que no sabes si hablar con firmeza… o simplemente acariciar con la mirada.

A veces te hieren y, aun con el corazón hecho trizas, no respondes desde el rencor, sino desde un orgullo herido que se disfraza de silencio.

Y otras veces, ese mismo orgullo se desarma por una simple sonrisa, por una palabra amable, por un recuerdo que todavía te abriga.

Es curioso cómo puede convivir en uno la fuerza de un “no me merezco esto”, con la ternura de un “pero aún así me importas”.

Porque sí… hay personas que, por mucho que duelan, también despiertan tu parte más noble.

Y eso no te hace débil.

Te hace humano.

Porque hay orgullo que no busca herir, sino proteger.

Y hay ternura que no significa rendirse, sino cuidar incluso en la distancia.

Uno aprende que no todo tiene que resolverse gritando.

Que a veces el amor más honesto es el que se expresa sin palabras, en gestos sutiles, en espacios donde ya no hay reproches… solo comprensión.

Y ahí, justo ahí, es donde se confunden: la necesidad de defender tu dignidad y el impulso inevitable de seguir queriendo.

No se trata de elegir entre uno u otro.

Se trata de saber convivir con ambos, sin dejar que ninguno te rompa.

Porque a veces, tener razón… duele más que simplemente sentir.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario