Dicen que superar es olvidar.
Que cuando ya no duele, es porque ya pasó.
Pero… ¿y si no fuera tan simple?
Hay personas que ya no forman parte de tu presente, pero que siguen viviendo en tu manera de mirar el mundo.
No duelen como antes, es cierto.
Pero tampoco se han ido del todo.
Porque no se trata solo de sanar, sino de aprender a convivir con lo que una vez fue hogar y ya no está.
Superar no es arrancar la página.
Es seguir escribiendo sin tachar lo que se vivió.
Es entender que no todo lo que terminó fue un error, y que algunas historias nos marcan para siempre…
aunque el final no haya sido feliz.
Recordar no es retroceder.
Es tener memoria emocional.
Es saber de dónde vienes, qué aprendiste, y por qué ahora eres más fuerte… o más sensible.
Y ahí es donde se confunden: alguien que sonríe no siempre ha olvidado.
Alguien que parece avanzar, aún puede llevar el recuerdo atado al alma.
Porque superar y recordar no se contradicen.
Son dos caras de la misma herida cerrada.
Y si todavía te viene a la mente esa persona, si su nombre aparece en una canción, en un olor, en un lugar… no lo tomes como señal de debilidad.
Tómalo como prueba de que alguna vez sentiste tan profundo,que ni el tiempo logró borrarlo del todo.
Continuará…
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